Babieca, el caballo del Cid Campeador

Babieca, el caballo del Cid Campeador

El Cantar de mío Cid, uno de los textos literarios más antiguos escritos en castellano, habla de Babieca. Babieca era el caballo del noble castellano Rodrigo Díaz conocido como El Cid Campeador. El texto recoge las hazañas de quien llegó a dominar prácticamente todo el oriente de la península ibérica a finales del siglo XI.

 

Sin embargo, no hay constancia de que ese fuera su nombre o una atribución espontánea de algún juglar. Lo cierto es que en la etapa medieval la realidad y la ficción se mezclan para dar empuje a la historia narrada. El afán por destacar el valor del noble tiene más de espectáculo que de verdad. De hecho, antes de ser nombrado en el Cantar de mío Cid, en el Carmen Campidoctoris, texto fechado en 1190, se omite tal dato. Sin embargo, lo que sí se cuenta de él en el texto es que era un caballo que fue comprado por mil dinares, y original del Norte de África. Al que le atribuían una gran agilidad y velocidad. Características fundamentales para los caballos de guerra, quienes solían ser robustos, pesados y por tanto más lentos.

 

Y es que pese a la idea que nos han transmitido sobre la rivalidad entre cristianos y musulmanes en la época medieval, en la Península Ibérica, dichas diferencias eran más nominales que reales. De hecho, las luchas entre cristianos y musulmanes generaban alianzas temporales entre unos y otros. Es decir, era habitual que en las luchas entre reinos cristianos estos se aliaran con los musulmanes.

 

El avance cristiano pudo realizarse contra los musulmanes, gracias a las divisiones y conflictos entre los reinos de taifa, frente a la unidad cristiana. El avance desde el punto científico y cultural de Al-Ándalus era muy superior al de los reinos cristianos. Y muchos cristianos se formaban en los reinos musulmanes. El Cid fue uno de ellos, de hecho su apelativo es de origen musulmán.

 

Y aunque en el texto precedente se le presentaba como comprado, en el Cantar a Babieca se le muestra como un trofeo de guerra. Posteriores textos atribuirían dicho regalo al rey de la Taifa de Sevilla.

 

En el siglo XIII, sin embargo, la historia de Babieca cambia. En la Crónica particular del Cid, el caballo es un regalo de su padrino, cuando Rodrigo es niño.

 

 

Un caballo con tumba

 

Pocos caballos pueden presumir de tener tumba. Babieca tiene la suya, o al menos, eso cuenta la tradición. Según la Leyenda de Cardeña, elaborada en torno al Monasterio de San Pedro de Cardeña hacia 1270, los restos de Babieca, reposan allí. O al menos, el caballo sobre el que la esposa de El Cid montó el cadáver de éste, para hacer creer a sus enemigos que seguía vivo. Según se cuenta en el texto, Babieca no volvió a ser montado, y murió dos años más tarde a la inusual edad de cuarenta años.

Monumento a Babieca en Cardeña

 

Según esta tradición, fue enterrado en algún lugar del Monasterio de San Pedro de Cardeña, a diez kilómetros de Burgos. El Duque de Alba en el año 1949 financió una serie de excavaciones con el objetivo de encontrar los restos del animal. Quizá ocho siglos son demasiados, porque no obtuvieron resultados. O quizá es parte de la leyenda. ¿Acaso puede existir un gran caballero, sin un gran corcel?